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El BDSM funciona sobre un acuerdo previo. Antes de empezar se habla de qué se va a hacer, qué queda fuera y cómo se para: una palabra de seguridad corta y fácil de recordar, distinta de un «no» que forme parte del juego.
Para empezar, el material blando es el más indicado. Las esposas acolchadas, los antifaces y las cuerdas de algodón perdonan los errores. Las esposas metálicas sin forro marcan la piel, y las cuerdas sintéticas aprietan más de lo que parece.
Dos reglas prácticas que evitan casi todos los problemas: nunca dejar a alguien atado sin compañía, y comprobar que puedes meter un dedo entre la cuerda y la piel. Si una zona pierde sensibilidad o cambia de color, se suelta de inmediato.
Una conversación previa, una palabra de seguridad y material blando: unas esposas acolchadas y un antifaz bastan para las primeras experiencias.
Lo es si se hace sin precauciones. No dejes nunca a nadie atado a solas, evita apretar sobre el cuello, revisa que la atadura no corte la circulación y ten tijeras de seguridad cerca.
Una palabra acordada que detiene el juego al instante, sin discusión ni explicaciones. Conviene que sea corta y que no pueda confundirse con el guion de la escena.
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